
Ambos venían de fracasos y experiencias parecidas. Tenía ella un rostro casi tierno y lo sabía, pero vivía acomplejada con su ligera gordura de la cual ironizaba con frecuencia para, según ella, evitar ser observada por ese detalle.
En cambio, él se sentía todo un “maestro”, había aprendido a gobernar su soledad. Algunas veces optaba por placeres licenciosos, para distraer los vacíos del alma y desde luego para zafarse del amor, porque en el fondo tenía miedo de volver a sentirlo y padecerlo; quería mantenerse alejado de situaciones que lo llevaran a emprender locuras con las que alguna vez escribió su reputación pasada, es por eso que tenía ocupado sus ánimos en cosas distintas.
Se entregaba desbocadamente a su trabajo, aumentando los ingresos del Studio musical que manejaba con éxito. Ella también trabajaba arduamente con los eventos musicales más importantes de la ciudad, era periodista y tenía un espacio radial que le permitía tener mucho bagaje musical y aunque no estaba mal remunerada, su sueldo no cubría el estilo de vida que ella llevaba. Su trabajo estaba solventado por la experiencia y la pasión que ella solía ponerle.
Meses atrás se conocieron en un concierto y tras una larga conversación, donde encontraron afinidades, decidieron salir. Conversaban de muchos temas, tenían coincidencias buenas y malas, se reían de las cosas de la vida y algunas veces discutían de las mismas, pero en efecto, se llevaban bien, hacían muchas cosas juntos , lo cual hacía propicio el ambiente para que se disfrutaran mutuamente.
Los dos eran esquivos al amor. Con frecuencia escogían este tema para conversar, analizando todo sin sospechar que éste, ya habría cruzado las fronteras de la atracción y se alojaba en un lado inconsciente de ellos. Comenzaba a coger una extraña forma e intensidad con cada salida, pero ellos lo subestimaban, se sentían superiores al sentimiento.
Repentinamente las circunstancias cambiaron los vientos e hicieron que ambos se alejaran por un regular tiempo. Manejaron bien esa separación. Los dos juraban no sentirse nada el uno por el otro y aunque sintieron extrañarse, poco hacían por llamarse y decirlo. La esperanza echó sus semillas y el deseo de volverse a ver convivía en cada paso que daban, pero ellos cerraron la boca. El orgullo genético de sus linajes determinó este silencio.
Una buena noche ambos se conectaron y coordinaron por Messenger una cita, la que incluiría una entrevista musical. Ella llevaba larvada una vieja curiosidad que le hacía comerse las uñas cuando la pensaba mucho. Curiosidad que jamás averiguó en el tiempo que salieron. Para eso, ella debía profundizar en esa fase sonora de él.
Durante el tiempo que estuvieron separados, ella se llenó de muchas interrogantes sobre la vida de él; tenía que introducirse por ese lado vulnerable. Las curiosidades eran bastantes y el objetivo tan sólo uno. Buscarse en él, saber si ella aparecía en las composiciones que él escribía. Estaba dispuesta a sortearse por un carnaval de preguntas: Qué cosas lo llevan a cierta letra, a ciertas notas, a cierta canción, a cierto disco, a ciertos temas… ¿habría un espacio para ella?
Eran las 4 de la tarde de ese friolento 20 de junio y ella apareció en la vieja taberna, vestida de una forma escueta, sin tanto maquillaje y sin una sonrisa de antemano. El interés por volverlo a ver había crecido en ella y tenía que ocultarlo para que él ni siquiera lo sospechara.
- Hola, tuve una larga reunión, estuve a punto de llamarte para cancelar esto, pero aquí estoy, por algo debe de ser –
El la miró con cierta calma y le dijo – siéntate por favor – levantando la mano con cierto garbo, ella hizo que el mozo se acercara a la mesa para pedirle una copa de vino.
- Acabo de almorzar, quiero hacer una buena digestión –
- Tranquila que nadie te va a indigestar.La tarde es para ti _ él se lo dijo en serio, pero con tono pícaro.
– ¿Comenzamos con tus arrogancias o con la entrevista? - con lo que tú quieras – contestó irónicamente él.
- Algo arrogante te noto hoy o es que en el fondo eres cobarde. -
- Yo creo que en el fondo soy menos cobarde que tú, pero tu aplanada y endeble autoestima mal interpreta mi seguridad y la toma por arrogancia -
- Ja ja qué alucinadito estás…el tiempo te ha empeorado, creo que soy yo la que te da la oportunidad de creerte tus alucines. Así que aterriza por favor, que ésta, es una entrevista a un don nadie de la música, y apropósito me estaba olvidando de contarte que el programa se llama “Rockeros anónimos”, así que ubícate en el contexto por favorcito -
- Ok – La mesura volvía a él, esbozada en una leve sonrisa.
Camila estaba algo nerviosa. Sacó su grabadora y presionó record.
- Estamos con Marco Bermúdez, 30 años, compositor de Rock.
Marco, ¿cuál es estilo que define tu música? -
- Buenas tardes amigos, Ninguno. -
- A ver…digámoslo así…para que te conozcan ¿Qué bandas te gustan? -
- Por lo general, Casi todas las que no suenan en tu radio -
(Risas) – Marco, ¿siempre tienes ese sentido del humor para las entrevistas o es que te estás poniendo nervioso?, bien sigamos…
Yendo a tu música y respecto a los temas que compones, los cuales compartiremos al final de esta entrevista con ustedes amigos, he notado que en la mayoría de tus canciones hay notas tristes y letras alegres, ¿por qué esa ambigüedad? -
- Porque no soy bueno escribiendo mis penas, y digamos que están camufladas en acordes agrios, tristes…mmm me tomo el tiempo de buscar la alegría en las estrofas o en los coros…Es una pregunta bien atípica la tuya – Acotó
- Claro, por eso estamos aquí. Dime ¿Qué mercados buscas? -
- Ninguno, simplemente voy al de Magdalena -
- Qué gracioso, ¿a dónde quieres ir? – ella ya estaba algo incómoda
Cruzado de manos, mirándola fijamente y tras un corto silencio, él acercó su cara y le dijo:
- a tus nervios niña, ahí quiero llegar -
Ella empalideció y retomó - Eso es muy poético, gracias por el halago, pero sigamos por favor.-
Marco se soltó las manos y le acarició el rostro con mucha ternura en medio de un nuevo silencio.
- No es un halago, es la verdad -
Ella estaba a punto de derrumbarse, pero cobró valor y cambió las cosas a su favor. Usando la circunstancia para poder manipularlo hasta conseguir su objetivo.
- Dime ¿Quién es la responsable de tus letras? porque está clara la tristeza con la que le cantas a la misma persona -
- Mi pasado es intangible, no te compete. -
- ¿Le temes a tu pasado? – Ella comenzó a acosarlo
Marco le respondió algo enérgico- Está claro que aquí la que teme eres tú. Tú eres la tonta que necesita acumular seguridad. Tu inseguridad pesa lo mismo que tu cuerpo -
- Me estás ofendiendo, esto ya no es una entrevista – le Presionó pausa a su grabadora.
- Tienes razón, esto ya no es una entrevista, es la tarde escogida por el universo para que escuches la música que producen tus miedos –
Marco estaba decidido a abrir su alma hasta desflorarla y con la voz ya un poco más elevada continuó:
- Te crees muy inteligente, libre e intocable, crees que tienes el control de todo gordita. Observa a tu alrededor, esa gente sabe menos de lo que conoces tú y puede ser feliz. Mira a esa pareja, ellos pueden mirarse, tocarse, besarse, extrañarse y tener la facilidad de confesarlo tantas veces sea posible. En cambio tú te acobardas cuando la sensibilidad dilata tus arterias y huyes de eso creyendo que es amor y te refugias como vagabunda en medio de gente muerta, que dice hacer arte. ¿Qué arte puede haber si no captamos los sentimientos del mundo? ¿Qué poema bueno podríamos escribir si antes no lo sufrimos? -
Ella lo escuchaba, mientras se comía las uñas.
- Camila en esta vida, buscamos lo que no tenemos y encontramos lo que realmente nos merecemos. No entiendo cómo he podido parar contigo, ahora ya sé por qué dejé de componer en el tiempo que salíamos.
Me convertí en un analista y no en protagonista. Tú estás incapacitada para amar, no deberías hablar de música, ni de nada que tenga que ver con el arte, hasta que no sepas qué cosas pasan en el momento que alguien se sienta a escribir una canción -
Hubo un silencio largo en la mesa
- ¿Que pasó Bermúdez? ¿A tu cerebrito ya se le está agotando el combustible de la filosofía? -
Marco retomó la conversación - Qué pena, pareciera que tus sentimientos estuvieran presos en las mazmorras fenicias. Qué carcelera eres contigo misma. No soporto tanta insensibilidad -
Ella comenzó a recapacitar mientras prendía su cigarro, su corazón comenzaba a ablandársele y le contestó.
- Mira Bermúdez, me incomoda hablar de estas cosas que pretendes llamar “amor”, eso es muy profundo, pero te diré algo para que te lo lleves al cuaderno. Al igual que los acordes tristes que pones en tu guitarra, son las penas que causan esas cositas que llamamos amor. Cuando uno da lo mejor, recibe lo peor, y yo he dado mucho. No te imaginas cuánto he dado, no hay amor en mi vida, no he disfrutado de eso -
Ella continuó con un tono más quejoso - Ustedes los que se creen artistas, no tienen la sensibilidad de la que me hablas, son tan insoportables, desequilibrados, egoístas que no les importa nada; cuando se enganchan con otra tipa, simplemente se largan y una se queda sin saber qué mierda hacer ante estas situaciones. No estoy para estas tonterías, ya pasé por el amor, el odio y ahora he conseguido mi tranquilidad, y si el amor es lindo, de momento no lo quiero para mí –
Marco la volvió a interrumpir – Mientras te escuchaba se me vino a la mente lo que un viejo escritor decía: “La miseria de los corazones tristes alimenta la vanidad de los cerebros vacíos”, tú eres el ejemplo perfecto de esa tragedia mi querida Camila…Derrochaste tu sensibilidad, estoy hablando con una estatua. No es justo que yo pierda mi tarde con una incompetente en materia de arte, en especial de música. No quiero salir en tu programa, no me interesa la fama. La anónima eres tú, Bingo ¡¡ -
Camila, ya enardecida, se le abalanzó con más preguntas:
- Por qué después de tanto tiempo hoy te decidiste a hablarme así, he caminado contigo por parques, malecones, playas, museos y nunca me hablaste así. ¿Por qué te haz gastado pensando?, ¿te gusto?, ¿te interesa mi vida? ¿Qué quieres de mi?
El se rio y replicó - No quiero nada en MI, lo que yo quiero está en Sol mayor, es más alegre, más claro –
Ella Levantó la voz y prosiguió algo neurótica - Bien, es hora de bajarte al sótano de la realidad, queridito. Decepciónate de una buena vez. Fumo marihuana, bebo todos los fines de semana y para colmo me gustan las mujeres. Yo no puedo ser lo que tú buscas, bebito, soy deprimente para tus expectativas – Ella intentaba ser cruel.
- Camila yo no tengo expectativas con nadie, y desde luego que no eres lo que yo busco, ni lo que merezco y no por lo que has dicho, sino por lo que no has dicho, que es peor. No necesito escuchar más estupideces…Algo si te voy a decir, en el tiempo que salimos pude tomarte en cuerpo y alma, aquella vez que te deprimiste mucho, pero preferí que investigues el mundo, sin aprovecharme de tus penas.
Pero elegiste averiguar la vida de otros espiando el facebook y todas esas redes antisociales. En vez de ir a tu interior, haz buscado afuera y encima mal. Yo en cambio he vuelto a creer en el amor, pero no puedo seguir alimentando esto. No tiene forma -
El continuó ya casi para finalizar - A veces las personas que llegan a nuestras vidas son como espejos, hoy descubrí que las cosas que me atrajeron alguna vez de ti, eran las cosas que debía corregir de mí. Desde tu perspectiva, probablemente yo sea peor que tu, porque no tengo compasión con la gente insensible.
Camila sigue con tu vida, no te amo. Jamás podremos ser un acorde, somos una disonancia -
- Marco, las disonancias son lindas. La bossa que tanto nos gusta, está hecha de disonancias. Pero tienes razón, nuestras vidas jamás debieron cruzarse. Somos un peligro para la amistad y una probable tragedia para eso que llamas “amor”. En esa lógica no deberíamos ni razonar. -
El se levantó de la mesa, bastante serio, se puso su chompa, la miró con cierta pena y le acarició el rostro diciéndole: - Te quiero gordita, pero no te puedo amar. Ella cogió su móvil indiferente a la caricia, marcó un número y le dijo adiós.
Al cabo de cinco minutos, ella que todavía seguía ahí escuchó que por la radio comenzó a sonar “Don`t Let me Down” de los Beatles, le entró una melancolía profunda que la hizo coger nuevamente su móvil y sin resistencia alguna le escribió el siguiente mensaje de texto “Maldito egoísta, no sé cómo he podido sentir por ti, eso que llamas Amor. Largo de mi vida”.
